Llevo varios días haciendo entradas en las que edito a cerca de mis reflexiones sobre la educación que he recibido. A día de hoy, sigo realizándome preguntas sobre si ha sido suficiente lo que me han enseñado, si hay aspectos en los que se pueda profundizar, si realmente existía un interés tanto por mi parte como por la de los profesores, mis padres y demás compañeros de clase.
También he meditado sobre si la educación estaba centrada en mí, si me educaban personalmente o en conjunto con sus ventajas y desventajas de ello, y si era personalizada por parte de los educadores. Además, he pensado si mi educación recibida en el pasado y la actual está considerada como una pérdida de tiempo o una inversión, si había cosas innecesarias y si echaba en falta otras. Todas estas y otras cuestiones las trataré más adelante pero hoy, de momento, solo quiero hacer una breve conclusión de todas las entradas anteriores.
A modo de conclusión de todas las reflexiones previamente elaboradas, puedo decir que es muy importante educar en buenos valores como los que me enseñaron a mi (esfuerzo, responsabilidad, agradecimiento, la solidaridad, compañerismo, respeto, ser una persona íntegra, con personalidad, sociable, comunicativa y comprometida…) porque sin esfuerzo y sin apoyo, conseguir las metas que uno se propone es imposible.